martes, 16 de marzo de 2010

¿La magia existe?

Sentado, en ese sofa, me miraba como si no hubiera nada, ni nadie más en el lugar. Yo sabía que bailar era mi arma, me siento segura haciéndolo, pero sentir sus ojos en mi, esa mirada profunda, misteriosa y muy sexi, me hacía sentir que yo era única, que yo tenía el poder. Como el flautista de Hamelin, estaba hipnotizandolo, pero él, sin saberlo (o seguramente como un gran estratega), con sus miradas, con su tranquilidad, con su orgullo -yo no bailo a mi no me gusta- también me estaba hipnotizando a mi.




Me invito a un juego, y yo jugue. Él me decia que era tanquilo y calmado, y yo le decia que soy acelerada y muy ansiosa, él me decia que era competitivo, yo le decia que a mi no me gusta competir, que prefiero a ganar o perder, enseñar o aprender. Sin decirnolo, él me gustaba por que era diferente a mi, y yo le gustaba porque era diferente a él.



Hace mucho no sentía tanta química al solo hablar con alguien, y me meto en temas escabrosos al nombrar la química, porque no solo creo que sea de una serie de reacciones químicas biológicas, pero si es cierto, y estoy totalmente de acuerdo, que no con todos con los que uno sale, hay click.



Sinceramente me pregunto que genera esas conexiones que nos hacen sentir que el otro tiene algo para darnos. Efectivamente que haya atracción física es un factor supremante importante, querer estar cerca y dar un beso o tener contacto físico es un elemento primordial para acercarse al otro. Pero en la conversación, hay algo que surge, algo que emerge y que hace, que por más diferencias de concepciones de vida, de creencias, de estilos de vida, de nacionalidad, uno sienta que el otro es compatible que literalmente que hay piezas que se unen y encajan.



No se si el ejemplo sea burdo, pero en este momento solo se me ocurre pensar en en dos piezas que como en un rompezabezas, comparten sus límites, para crear algo nuevo. La verdad no creo que solo haya una pieza compatible (idea de la media naranja, hay uno que es mi otra mitad) creo que nosotros ya somos uno, pero hay algunos con los que encajamos más que con otros.



Creo que la cosa es complicada de escribir, tampoco mi intensión es hacer teoría, pero sentirla es de los mayores placeres de la vida. Creo que no con muchos lo he sentido, tras periodos largos de tiempo, por unos simples meses o en una sola noche, sentir que le encatas a alguien, que ese te encanta... es poder darse cuenta que la magía existe: sentirla, olerla, degustarla, palparla, es hacer realidad lo que se ha soñado.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Me encantas.

Hay días que quiero odiarte, hay días que no me importas, hay días que pasan sin pensarte, pero otros en los que lo único que hago es traerte a mi mente e imaginarte, imaginarte junto a mí.


Me reprocho por qué todavía me gustas. Ya se acabo, aunque no tuvo un cierre o final, así tampoco fue su inicio, entonces podríamos decir que paso, y ha debido quedarse como una experiencia que tomo unos meses pero que nunca se concreto.

¿Qué es lo que todavía me gusta de ti? Me gusta que me sorprendes –todavía-, sales con unas cosas que no espero, y que me llegan directo al alma. Me gusta que haces cosas porque te nace hacerlas, no hay prejuicio, no hay filtro, lo sientes, lo haces y listo. Me gusta (aunque a veces lo odio) tu frescura, es como si no hubiera pasado nada, no sigue igual pero tampoco fue malo, no hay rencores, no hay cosas por decir, no te envideas – yo si- y eso me encanta de ti. Me gusta que a veces pareciera que todavía te encanto, de una forma extraña, me haces sentir importante y que todavía estoy ahí. Me gusta que apuntas a detalles que son muy yo, es como si me conocieras profundamente y supieras exactamente qué espero, qué quiero y qué me gusta. Me gusta que me siento como una adolescente tragada, esa sensación de fascinación cuando algo no es real. Me gusta que todavía cuando te pienso, algo se revolotea dentro de mí.

Escribir para salvarme a mi misma.